Parmigiana di melanzane (Berenjenas al parmesano)

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Es una receta napolitanísima, a pesar del nombre, que se refiere al queso utilizado en este plato y no a la ciudad de Parma.

Para 4 personas se necesita:

4 berenjenas grandes

Sal

Lavar las berenjenas y cortarlas en rodajas de 1/2 cm. de espesor más o menos. Salarlas y disponerlas sobre una fuente, la que hay que poner en una posición algo inclinada, para que se pueda escurrir el agua que van a soltar las berenjenas al salarlas. Esto hará que las berenjenas pierdan amargor.

400 gr. de tomates bien maduros, cortardos en gajos y sin las semillas

1 cucharada de aceite de oliva

1 cebolla pequeña, muy picadita

4 hojas de albahaca, enteras

Sal

Sofreir los tomates junto con la cebolla y la albahaca durante 1 minuto; salar y dejar cocer a fuego bajo durante media hora. Pasarlos por un colador para obtener una salsa fina.

Lavar las rodajas de berenjena y secarlas

3 cucharadas de harina aprox.

Aceite de oliva abundante 

50 gr. de queso parmesano 

1 Mozzarella

2 huevos duros

Aceite de oliva

En un plato poner varias cucharadas de harina y enharinar las rodajas de berenjena. Freírlas y dejar coger un poco de color. Disponerlas sobre un papel de cocina.

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En una fuente de horno de borde alto, untada con aceite, colocar los ingredientes en capas:

una capa de berenjenas espolvoreadas con queso parmesano,

cubrir con rodajas de mozzarella,

encima disponer otra capa con rodajas de huevo 

y alguna cucharada de salsa de tomate (no demasiada, la salsa aquí tiene casi sólo la función de aromatizar y humedecer un poco).

Repetir la operación hasta acabar con los ingredientes.

Para acabar se le añade unas cucharadas de salsa de tomate.

Meter en el horno precalentado, en el raíl más bajo, a 180° durante 30-40 minutos.


Se puede servir caliente o frío.

Buon apetito!

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Berenjena

 
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Su origen está en India (hace más de mil años) y es un ingrediente muy usado en su cocina, así como en la cocina de China y Tailandia.    Se fue extendiendo por Oriente Medio y así llegó hasta nosotros. La berenjena se la debemos a los moros, quienes nos la trajeron en la Edad Media y los españoles la llevamos a América y al resto de Europa, donde se extendió por todo el Mediterráneo: desde Francia, pasando por Italia hasta  Grecia y Turquía.

A esta planta le gusta mucho el clima cálido, sobre todo en el período de crecimiento. No le sienta nada bien el frío.

Existen muchas variedades. Las más conocidas son la grande, ovalada, de color violeta oscuro (como la de la foto), pero las hay redondas, violeta oscuro, violeta claro, violeta rallada, blancas (aunque estas son solo ornamentales), y muchas más.

A la hora de la compra, hay que fijarse en que no sean demasiado grandes y que tengan una piel tersa y brillante. Cuando son demasiado maduras, aparecen manchas en la piel, que luego al pelarlas, son manchas marrones en su carne blanca y además amargan. No aguantan mucho en la nevera (1-2 días), por lo que una vez recogidas o compradas se deberían de usar rápido.

La mejor época del año para consumir la berenjena son los meses de Mayo, Junio y Julio.

Debe tomarse siempre cocinada, nunca cruda. 

Se toma frita, rebozada, asada, guisada, rellena. No se suele hacer hervida porque no está nada buena.

Se puede tomar con piel o sin piel. Si se come con piel, por lo de aprovechar su aporte en fibra, se recomienda comprarlas muy tiernas, ya que la piel endurece cuanto más vieja es y le cuesta más cocerse…

Al cortar la berenjena la pulpa tiende a oxidarse en pocos minutos (al contacto con el aire se pone marrón).

La berenjena es un producto culinario muy apreciado por diferentes culturas. Muchas naciones tienen un plato típico elaborado a partir de berenjena. En España, los catalanes tienen la Samfaina, la Escalivada ó el Espencat donde la berenjena se acompaña del pimiento, los italianos tienen la „Caponata“, „la parmigiana“, uno de los platos más famosos junto con la Mousaka griega y los turcos tienen el Imam Bayildi.

En Asia, las berenjenas suelen ser más bien pequeñas, redondas y menos amargas que las nuestras. Se pueden comer incluso crudas. La berenjena occidental no se puede comer cruda; es demasiado amarga y mala de digerir. Antiguamente creían que era venenosa, porque alguien sensible podía sentirse mal después de comer una berenjena cruda (reacciones alérgicas y dolores de cabeza).

Y, en cambio, la berenjena es muy sana: tiene fibra (si se toma con piel), pocas grasas y pocas calorias. Su contenido principal es el agua, un poco más del 90%.

Tras una comida grasa, ayuda a eliminar la grasa. Estimula la bilis y ayuda a reducir el colesterol y a prevenir la arteriosclerosis. También reduce los niveles de glicemia, lo cual es beneficioso para los diabéticos.

La piel de la berenjena tiene propiedades antioxidantes, por lo que se recomienda en la prevención de enfermedades cardio-vasculares y cáncer. Pero no se recomienda para los que ya padecen de problemas cardiacos.

La pasta del fruto machacado se utiliza como bálsamo, aplicado a la piel quemada por el solo contra el reuma. También calma los dolores reumáticos beber el agua de este fruto machacado en agua, dejado en reposo 1 día completo y tomándola como agua de uso.